jueves, 14 de abril de 2016

Bar al sur

La magia, el grito
el café cortado,
la taza de té,
la birra fría.
La música al palo,
el cenicero por la mitad.
Hablan las paredes,
en bicicleta va el que pasa
y un bar lleva a cuestas.
De rojo se tiñe el aire,
las voces se apagan
y lloran las copas vacías
al son de la última canción.

Wannas

9/04/2016

De viajecitos

En cataratas y nubes,
en techitos rojos,
en ríos con jaulas,
en senderos, en ferias,
en pueblos perdidos,
en selvas y mosquitos.
En árboles que abrazan,
en puchos eternos,
en charla al abismo del cielo.
En caminata de mil ladrillos.
Para viajar,
hay que irse
y saber volver.

Wannas

9/04/2016

Para hacer cama

Madera vieja
que se retuerce
en sus grietas,
que vomita astillas,
que transpira polvo blanco,
sudor embarrado
de miedo, de pánico,
de fracaso.

Esa madera
se va lijando,
con lija lenta,
con mano firme,
con mente quieta.
Se lija y se cura,
se saca la tierra,
se desprende el viento viejo.
Se hace,
de a poco,
de nuevo.

Wannas

9/04/2016

recuerdo

quiero acostarme libre
en lo que queda de tu pelo
en la sombra de tu vientre.

sé que debiera amarte
el jueves a las tres
pero me enredo
en la pereza de esperar
y decido que ahora,
es mejor hora para amar.

Corbatita

Ahí estás
con tu corbatita verde
y el bigote peinado
hablando con la cartonera
tinte de amistad.

Te disculpás
por no dejar las cajas,
por no darle cartón.
Y ella “todo bien”.

Estás como de amigo
con la cartonera.

Vos con corbatita verde,
tan distinto.
Ella cartonera,

tan igual.

Tormenta


Tu
 Tu
  Tu
    Tu
Tututututututtutututuututuututututututututtututuututututut
Llueve la lluvia como llanto de yacaré
Ya suena la gotagota en el techo de chapa
Chispotea
Rayuela en el cielo, rayos, centellas
Gggggruuueessoo el trueno
Tractractrac traquetea como un tren
Sigue lloviendo la lluvia del cielo estrellado
Se moja la calle y se mojan los pies.

Ssssssssooplaaa el viento despejado
Calma el agua.
Ssssssssssssooopla el viento amortiguado

Dejó de llover.

lunes, 11 de abril de 2016

Abstracciones

Después de caminar media ciudad empujando su carro y sus angustias, Arturo Huallpa llega a su casa. Ya el carro vacío, lo ata a la reja desvencijada, máximo símbolo de seguridad en su hogar. Dentro, lo espera el hambre y la soledad. Prepara el mate mientras oye las discusiones de sus vecinos más uno que otro golpe. Busca el pan de ayer y corta un pedazo. Se sienta a la mesa, en su única silla y hace fuerzas para abstraerse...
Ahora, come un pollo con papas al horno, conversa con su hermosa mujer mientras los niños mueren de risa por los chistes de un programa en televisión. Cuando terminan de cenar, ayudan entre todos a juntar los platos y su mujer lava la cocina. Mientras, Arturo, habano y licor en mano, se dispone a escuchar su disco de Charlie Parker. Los niños van a dormir y su mujer se acerca para darle el beso de buenas noches y susurrarle al oído que lo espera en la cama. A Arturo le gusta pasar ese tiempo solo, consigo mismo, disfrutando la música y la tranquilidad del hogar.
Al cabo de una hora llega a la cama donde su mujer descansa cubierta de sábanas blancas y grandes acolchados para cubrirse del frío. Se desviste y se hace un lugar junto a ella. La mira con los ojos sonrientes, acaricia su pelo y sus sueños, le da un beso en la frente para que la proteja en la noche y se dispone a dormir.

Suena un fuerte despertador a las 5 de la mañana y Arturo lo apaga sin ganas pero con fuerza. Se levanta con el cuerpo entumecido del frío, se lava su cara en un latón con agua casi helada y se viste con el pantalón de trabajo, su camiseta blanca, un buzo desteñido y esa campera que una vez juntó de un volquete por calle Malabia. Se prepara un mate cocido y come el otro pedazo de pan de anteayer. Antes de salir, mira su silla sola, baja la vista, suspira, busca su gorro de lana y sale a la calle a desatar su carro. Arturo parte en busca de cartones y esperanzas.

Al anochecer, con el carro vacío, regresa a su casa. Al sentarse en su mesa con un plato de guiso desabrido que su vecina de enfrente muy a menudo le prepara, hace fuerzas, se concentra...
Su hija de cinco años corre a sus brazos y lo besa por toda la cara. Cenan ravioles con esa salsa especial que hace su mujer, con nueces y jamón. Conversan sobre sus actividades del día: su hijo cuenta que sacó diez en matemáticas y su niña que aprendió un nuevo paso de danza. Su mujer relata la bienvenida que le hicieron los compañeros de su nuevo trabajo y él, entre burlas e ironías, les cuenta cómo uno de sus empleados pone constantes excusas por las llegadas tardes. Entre risas, levantan los platos de la mesas y los niños van a dormir. Él escucha jazz, toma una copa de vino y esta vez, no fuma. Su mujer se acerca por detrás, le besa el cuello, lo abraza. De un tirón, Arturo la sienta en su falda y le acaricia el pelo. Se besan, se desean, se excitan. Deciden ir a su cuarto así los niños no oyen. Ella le indica que la aguarde unos instantes, va al baño y se escucha un ruido de agua corriendo. Arturo se acuesta en su cama a la espera.
Su mujer no regresa.
De a poco siente de nuevo las discusiones de sus vecinos y uno que otro golpe, y va quedándose dormido en su cama pequeña de una almohada sola.


Wannas
19/05/2014